dijous, 19 d’agost de 2010

Monarquia o Republica?


Siento una envidia sana cuando leo en la prensa que la primera ministra de Australia, Julia Gillard, líder del Partido Laborista, proclama públicamente, sin que por ello se remuevan los cimientos del país ni tiemble el palacio de Buckingham, que este país debe convertirse, por fin, en una República; su propuesta incluye también un plazo de tiempo: el día en el que la reina británica, Isabel II, fallezca. Hay quien atribuye esta iniciativa a la confrontación electoral que Julia Gillard mantiene, de cara a los comicios del próximo sábado, con el conservador Tony Abbott, quien se opone a una reforma de estas características. No sé cuánto habrá de cierto en esta afirmación, es posible que bastante, pero lo más importante es que este debate se abra, se desarrolle con plena normalidad y, en última instancia, sea la ciudadanía la que se pronuncie en libertad sobre la Jefatura de Estado que mejor le representa. En Australia ya lo hiceron en 1999, revalidando entonces la monarquía; al día de hoy, en cambio, las encuestas reconocen que el sentimiento republicano suma la adhesión de un 52 por ciento de la población.

Isabel II es, sin duda alguna, una mujer apreciada en Australia, pero más allá de esta consideración, las nuevas generaciones, al igual que ocurre en España, sienten la institución monárquica como un anocronismo, impropio de una democracia asentada, en la que todos los puestos de responsabilidad han de estar sometidos a la soberanía popular. Julia Guillard, en su alegato, reconoce que desea una “vida larga y feliz a la soberana“, y entiende que el momento idóneo para abordar una transición hacia la República ha de ser tras su muerte. Estoy convencido de que este mismo debate tendrá lugar en el Estado español y es seguro que serán cada vez más numerosas las voces que se opongan a que Felipe y Letizia sean respectivamente rey y reina porque en el siglo XXI nadie es súbdito o súbdita de nadie. Tenemos el derecho legítimo a poder eligir entre Monarquía y República, y quienes nos los impiden, entre ellos el PSOE, que diferencia con el Partido Laborista Australiano, enarbolan, para justificar su cara más cortesana, valores de la derecha y posiciones ultra conservadoras y reaccionarias. A mí ni Juan Carlos, ni Felipe, ni Letizia me representan. Salud y República.

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